Secretaría de Relaciones Exteriores de Los Estados Unidos Mexicanos.

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Intervención del Doctor Luis Ernesto Derbez Bautista, Secretario de Relaciones Exteriores, Durante el Evento Conmemorativo por El 60 Aniversario de La Fundación de LAs Naciones Unidas.

México, D.F. (PRWEB) October 24, 2005

Señoras y señores:

Es motivo de gran orgullo para la Secretaría de Relaciones Exteriores encabezar a nombre del gobierno y pueblo de México, este acto conmemorativo del sexagésimo aniversario del nacimiento de la Organización de las Naciones Unidas. Agradezco a todos ustedes su presencia hoy en Tlatelolco, escenario de acontecimientos trascendentales en la historial del sistema multilateral.

México es una nación con una profunda vocación multilateralista y a través del tiempo ha realizado valiosas contribuciones al desarrollo del derecho internacional. La historia de la diplomacia mexicana en el siglo XX está íntimamente vinculada a los esfuerzos de la comunidad internacional para garantizar la paz y el respeto entre las naciones.

Somos un pueblo comprometido con la promoción del desarrollo, el respeto a los derechos humanos y la seguridad internacional. Participamos activamente en la creación de la Liga de las Naciones y somos miembros fundadores de las Naciones Unidas, porque creemos firmemente que el camino hacia la paz y el respeto entre las naciones se construye a través de la cooperación internacional.

Hace sesenta años, bajo la sombra de la guerra más destructiva que la humanidad hubiera conocido hasta entonces, ante la realidad del holocausto y la amenaza de una guerra nuclear, cincuenta y un países fundamos la ONU y con ello, creamos un conjunto de instituciones al servicio de las naciones para la resolución pacífica de los conflictos y la promoción de intereses comunes.

Durante seis décadas las Naciones Unidas han ofrecido un marco de certidumbre a las relaciones internacionales. Ahora es tiempo de fortalecer sus capacidades, mecanismos, agencias y programas, para que pueda enfrentar con efectividad y transparencia los retos y amenazas del nuevo milenio.

La reforma de las Naciones Unidas es una responsabilidad impostergable de la comunidad internacional.

México seguirá impulsando una reforma sustentada en la consolidación de tres pilares fundamentales: seguridad, desarrollo y derechos humanos. Seguiremos trabajando con espíritu constructivo en el marco del Grupo de Amigos de la Reforma y de los diversos grupos que se han formado entre la membresía durante este proceso. Nos interesa establecer una agenda de trabajo amplia y un calendario realista, con el fin de que el diálogo y la negociación permitan a los países miembros materializar los compromisos plasmados en el documento final y abordar gradualmente todos los temas a discusión.

Valoramos muy especialmente el acuerdo que alcanzó la membresía con respecto a la responsabilidad colectiva de actuar puntual y decididamente para proteger a los pueblos de genocidio, crímenes de guerra, limpieza étnica y otros crímenes contra la humanidad. Este acuerdo sienta las bases para que comunidad internacional asuma una mayor responsabilidad ante violaciones masivas de derechos humanos como las ocurridas en Somalia, Ruanda y ahora lamentablemente en Darfur. Estas y otras tragedias son una evidencia dolorosa e inaceptable de que la comunidad internacional aún no cuenta con los instrumentos adecuados para proteger a los individuos y garantizar su bienestar y que, por ello, urge fortalecer la capacidad de las Naciones Unidas para actuar con decisión en defensa de la dignidad humana.

Hace sesenta años los representantes de los países reunidos para la Conferencia de San Francisco, establecieron que el propósito fundamental de la Organización sería garantizar la seguridad y la paz internacionales. La ONU ha cumplido con una parte muy significativa de su labor evitando a lo largo de su historia numerosos estallidos civiles y conflictos armados. Sin embargo, el camino para fortalecer nuestra seguridad colectiva es, y deberá ser, la prevención.

La importancia de fortalecer las capacidades preventivas de los países así como de la comunidad internacional para garantizar la seguridad de las personas se ha hecho evidente frente a fenómenos naturales devastadores como los huracanes Wilma, Stan y Katrina, el terremoto en Pakistán o el Tsunami que en diciembre del año pasado cobró más de doscientas cincuenta mil vidas en el Sureste Asiático. La lección en cada uno de estos casos ha sido la misma: la prevención y la rapidez de la respuesta de los gobiernos del mundo frente a fenómenos de esta naturaleza son los factores fundamentales para preservar la vida.

Por ello, durante la última Cumbre Iberoamericana, México propuso la creación de un fondo financiero y de un mecanismo de reacción para responder con prontitud en caso de desastres naturales en Iberoamérica. Un fondo de esta naturaleza ayudará a aquellos países que enfrentan situaciones de desastres naturales o crisis humanitarias, a enfrentar la emergencia inmediata y dar los primeros pasos para enfrentar la reconstrucción.

México considera que el alto nivel de compromiso demostrado por los países Iberoamericanos debe repetirse alrededor del mundo y particularmente en el ámbito de las Naciones Unidas, por que ese es el mejor espacio para fomentar la cooperación internacional.

La importancia de ir extendiendo esta visión preventiva en el marco de la ONU es un incentivo más para evitar a toda costa caer nuevamente en la tentación de reducir la reforma a la ampliación del Consejo de Seguridad. Es indudable que también requerimos una reforma profunda al Consejo para convertirlo en un órgano más representativo y con mayor capacidad para instrumentar sus resoluciones. De igual forma, debemos transparentar sus procesos de toma de decisiones a través de la reglamentación y limitación del derecho de veto. Nuestro objetivo deberá enfocarse a hacer más eficiente su funcionamiento y no limitarse a aumentar el número de sus miembros.

Es preciso reconocer que algunos temas trascendentales para la reforma quedaron fuera del debate durante la Cumbre ante la falta de consenso entre la membresía. En particular, el Gobierno de México expresó su decepción por la ausencia en el documento resolutivo de un capítulo específico sobre desarme y no proliferación de armas nucleares. Como lo ha hecho a lo largo de su historia, nuestro país dedicará esfuerzos adicionales para encontrar una fórmula capaz de reincorporar estos temas a la agenda internacional y con ello revertir la parálisis que enfrenta el sistema en la materia.

La labor del Gobierno mexicano se concentrará adicionalmente en fortalecer las capacidades de análisis y acción de la Organización ante al fenómeno migratorio mundial. Durante la Cumbre, México promovió que el documento final hiciera referencia al vínculo entre la migración y el desarrollo, reconociera las aportaciones de los migrantes a la vida económica, social y cultural de los países receptores y refrendara el compromiso de la comunidad internacional para proteger sus derechos humanos y los de sus familias. La propuesta mexicana fue aprobada y se acordó convertir a la migración en el tema principal del segmento de Alto Nivel de la Asamblea General en 2006.

Estimados amigos:

Un mundo sin la presencia de las Naciones Unidas es equivalente a un futuro de incertidumbre; sin embargo, una ONU sin una reforma integral no puede ser garantía de un mundo más seguro, más libre o más justo.

Que la humanidad pueda contar con una Organización capaz de garantizar la paz y la seguridad; que los pueblos del mundo tengan en la ONU una Organización que articule con efectividad sus esfuerzos a favor del desarrollo y el respeto a los derechos humanos, no es una reivindicación idealista: es una necesidad apremiante.

El sexagésimo aniversario de las Naciones Unidas es el momento para la reforma y llevarla a cabo es una responsabilidad que corresponde a los políticos y diplomáticos de nuestra generación. No podemos permitir que la reforma sea una aspiración que cobra fuerza cada vez que las Naciones Unidas celebran diez años más de vida y que después se olvida indefinidamente.

La misión de la comunidad que conforma las Naciones Unidas sigue vigente. Las razones que nos llevaron a firmar la Carta de San Francisco son tan válidas hoy como hace sesenta años. Los líderes de la comunidad internacional tenemos la responsabilidad de garantizar un futuro más digno y próspero para nuestros ciudadanos y las futuras generaciones.

Muchas gracias.

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